"Chump Change", de Dan Fante



A veces, no solo durante la lectura sino fuera de los cuentos, aunque el libro vaya de esto, pasan cosas por el estilo. A veces te topas con otro juego de apariencias, con un guiño que hace que de repente todo el planteamiento cambie, algo que demuestra que el concepto es algo voluble y plástico, que el prejuicio es el barro sobre el que modelan los poetas.  Porque en un principio parece como que todo va a acabar fatal. Porque la vida enseña, con la inflexible inexorabilidad de la categoría, que este tipo de aventuras siempre acaban mal.
Esta historia trata de la redención y la esperanza del que atraviesa un desierto infernal, de la oportunidad que debería darse cualquiera para que todo cambie y de que tras el tiempo de las pesadillas cabe la posibilidad de una luz brillante, distante y delicadamente probable de una vida nueva y buena, de una etapa mejor a partir de la cual poder contar la angustiosa travesía de las malas decisiones y las acciones peores. Esta historia trata de que es posible narrar desde el infierno, lo que la circunscribe a una tradición narrativa tan ancha como la historia de la literatura.
Detrás de la historia de depravación, de las anécdotas sexuales perversas, en general de carácter homosexual, detrás del alcohólico egoísta que es capaz de cualquier cosa para satisfacer los reclamos imperiosos de la adicción, del complejo de Edipo dolorosamente irresuelto que bloquea cualquier forma de cariño o amor hacia el prójimo, detrás de la carne podrida de esta fruta oscura se encuentra un núcleo duro de ternura.
No es, pues, si no un esfuerzo por hacer real la parte mejor en las peores condiciones y, por lo tanto, una historia que nos reconcilia con la existencia. Vale que los márgenes de la redención sean notablemente estrechos y conduzcan a una solución a lo Francisco de Asís, pero algo es algo, y el final feliz se desea porque en el fondo, en ese fondo del que ya hemos hablado, el protagonista no es mal tipo y se gana la compasión del lector, que es de lo que se trata.
Tal vez porque lo semejante ama y conoce a lo semejante, el camino que conduce a la salida del agujero de la miseria antropológica que le atraviesa el corazón cruza el lazo de amistad que se va estrechando, con la fragilidad de lo casual, con otra bestia enferma y decadente, un peligroso bull terrier que no conoce más adiestramiento que el del amo desaparecido y muerto. El hombre es un bull terrier al que la suerte ha abandonado, pero un perro al fin y al cabo y, por tanto, el mejor amigo que los dioses solitarios y huraños pueden tener.
Y así, con el regustito de las historias bonitas y la emoción en calma, se va acabando, perfeccionando, prometiéndonos que no volverá a beber y se dedicará a escribir, comprometido con la verdad y la belleza que esconden las cosas feas y reconciliado consigo mismo.Y además hay un paseo por Los Ángeles y un montón de retratos de personas y relaciones coloridos e interesantes.

Por cierto, puede tener su gracia comparar este volumen con Al oeste de Roma de John Fante, en el que se recoge Mi perro Idiota, un relato autobiográfico en el que aparecen escenarios, situaciones y personajes que son objeto narrativo de Chump Change. O sea, otra historia de perros y amores antropocaninos que salvan y mejoran almas, aunque los guiños que ajustan cuentas con el padre muerto, no solo respecto a este relato sino también al periplo tetralógico desde que parte a Los Ángeles hasta Bunker Hill, son constantes y  hay una  clara intención de que la exégesis se apoye precisamente en eso, en la posibilidad perspectivista de leer la obra de los Fante como si todo fuera el mismo relato polifónico. Muy listo y con talento.